Hermandad de Nuestra Señora de los Desamparados de Huelva.

 

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Dulce Nombre en su Mayor Aflicción

 

 

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Hermandad de Nuestra Señora de los Desamparados Seráfica y Servita Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Redención y María Santísima del Dulce Nombre en su Mayor Aflicción.

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La trayectoria del joven escultor rocianero Elías Rodríguez Picón es larga y cuajada de éxitos. Desde hace más de una década tuvimos noticia de la existencia de un joven escultor que había realizado una impresionante reproducción de la Virgen del Rocío para Brasil.

 

Elías Rodríguez Picón tallando al Cristo de la Redención.

 

La ejecución de una copia de la Reina de las Marismas en aquellos momentos, en que había “salido hacía poco del cascarón” en sus labores artísticas, no le había amedrentado. Fue un romper el fuego que encandiló a muchos de los que seguimos a la nueva escuela de imaginería andaluza.

 

Ahí dejó reflejado parte de las enseñanzas que su padre le había ido inculcando, a veces sin pretenderlo, para crear una obra de arte. Su padre, Manuel Rodríguez, es un importante carpintero, pero destaca aún más en sus escasas obras pictóricas en las que llega a rozar la perfección. Posteriormente pudimos apreciar las imágenes que realizó para la Parroquia de su pueblo natal, Rociana del Condado.

 

La Virgen de los Desamparados y el Cristo Cautivo bebían claramente de la escuela barroca sevillana de la segunda mitad del siglo XX, ciertamente el tiempo que estuvo visitando el taller de Álvarez Duarte se dejaban sentir en aquellas dos imágenes. El tratamiento de la policromía ya era interesante en aquellas dos nuevas imágenes de devoción. Transmitían fuertes sentimientos, el Cristo nos aparecía aceptando la injusta sentencia que se cernía sobre Él. En cambio la Virgen se mostraba serena, con un dolor contenido que para nada desdibujaba su delicada belleza.

Gusta Elías de realizar imágenes portentosas, tanto en Cristos como en santos. Buena muestra de ello son las imágenes del Santísimo Cristo de la Redención y San Pedro, Patrón de la Villa de Almonte. En uno y otro caso juega con lo mejor de la estatuaria del neobarroco andaluz. El Cristo es una imagen para vestir, su cuerpo está totalmente tallado y policromado, mostrándose los signos de la flagelación y coronación de espinas. Su imponente tamaño está concebido para ser procesionado, ya que al situarse encima de unas andas procesionales es cuando se muestra toda su magnitud. Ya en ésta imagen ha ido abandonando las reminiscencias de la escuela sevillana de imaginería y se ha hundido en la búsqueda de una imagen cristífera más personal. El diálogo que logra entablar entre el Nazareno y el espectador que lo contempla en las calles, hacen de Rodríguez Picón uno de los mejores imagineros de la nueva hornada de autores andaluces. El quid divinum, el poder para llamar a la devoción y lograr que se le rece a una imagen no tiene secretos para Elías. Sus esculturas cristíferas logran realizar la función que se les encomienda: despertar en el fiel el sentimiento. La imagen de Pedro para Almonte significó un antes y un después para Elías. Se talló a la antigua usanza, se realizó un modelo a tamaño natural y fue sacado de puntos como lo realizaron los grandes autores de la imaginería: con la te y la saca de puntos trasladadas a un gran bloque de madera de cedro. Fue tallado directamente, dejó a un lado las máquinas copiadoras y reproductoras tan en boga hoy. Aquel bloque lígneo fue dejando paso a una impresionante figura del primer Pontífice, la cual fue encarnada, y estofada por el mismo Rodríguez Picón. Fue una espléndida carta de presentación en Sevilla, aunque en su taller hispalense ya realizó la Virgen de la Luz para Huelva. Por allí pasaron compañeros escultores y gran cantidad de interesados y aficionados a la imaginería. Su paso por Sevilla le llevó a codearse con buena parte del panorama imaginero del momento. Sus tertulias con Juan Manuel Miñarro, Sebastián Santos Calero y otros jóvenes autores como José María Leal, hicieron que Elías se abriese a nuevos campos y se dedicara a investigar en la talla y sobre todo en las policromías.

 

Un capítulo aparte merecen las imágenes de Jesús Niño. Elías pasa de la imagen de Jesús infante canonizada, es decir, en pie y bendiciendo, a posturas más amables o con claros referentes pasionistas. En el primero de los casos podemos contemplar a un Niño que se muestra bello, sencillo pero augusto, sin dejar de mostrarnos toda la Divinidad de quien es Dios.

 

Santísimo Cristo de la Redención

 

En las muestras de Niños dormidos bebe de fuentes tan importantes como la Roldana o Cristóbal Ramos, pero llevándolos a un apartado propio, que parecen mostrar escenas infantiles, que, sin embargo, muestran símbolos inequívocos de sobrenaturalidad, ya que aún estando dormidos se muestran pensantes, reflexivos... Pero nunca dejan de mostrarnos la amabilidad de un Niño. Ese mismo Divino Infante se muestra en ocasiones en escenas de la Pasión, son esos Niños pasionistas que son tan del gusto de la devoción íntima. Ha interpretado a imágenes fundamentales del arte cristiano en versión infantil, como se trata de la que realizó del Cristo de Pasión de Montañés para un coleccionista privado de Sevilla. Pero no solo ha interpretado obras pasionistas de otros autores, lo ha hecho consigo mismo en una de sus primeras representaciones de la Pasión: ha realizado al Cristo de la Redención en versión infantil para un miembro de esa hermandad.

   
San Juan Evangelista ( 2006 )   Virgen del Dulce Nombre en su Mayor Aflicción ( 1999 )   María Magdalena ( 2006 )

La escultura profana no ha sido extraña para Elías Rodríguez Picón. Una de sus primeras obras se titula “El niño Luisillo”. En ella refleja el sentimiento que le produjo la lectura de un poema de Odón Betanzos que narraba la vida de un pequeñuelo de Rociana. Las sensaciones que en el alma de Elías produjeron esos versos se metamorfosearon en una imagen tridimensional de un niño harapiento, que mira ensimismado como su trompo es el centro de su mundo, ya que está sentado y abandonado de toda atención que no sea su humilde y barato juego infantil. Algo similar le ocurre con la representación que ha realizado para un familiar de una cabeza del Quijote. La lectura de la inmortal obra cervantina le demandaba que ese hidalgo cobrara forma humana entre sus dedos, los cuales fueron las únicas armas usadas en esa desigual lucha contra el barro. Apartado destacado merecen las representaciones que ha realizado del poeta moguereño Juan Ramón Jiménez. Dos obras se muestran en distintos lugares de la geografía española. La primera de ellas está en el municipio canario de Telde y fue un regalo que la Ciudad de Moguer realizó a aquélla villa con motivo de su hermanamiento. El Juan Ramón de Telde aparece de medio cuerpo, vestido con su sempiterno traje negro, y una hojilla de perejil en la solapa. La mirada de Juan Ramón ha sido perfectamente captada, ya que en esos ojos negros logra concentrar todo el interior del Moguereño, esa mirada que vemos en las fotografías que cautiva a todo el que lo observa. Esa mirada, la misma, ha sido captada y plasmada por Rodríguez Picón, resultando un retrato psicológico del Andaluz Universal. La otra representación juanrramoniana se encuentra en Huelva. El autor de Platero se nos muestra sentado en el sillón de su despacho, con la postura característica que adoptó en muchos retratos, como el que le hizo su amigo Sorolla, en la que la cabeza descansa en dos dedos apoyados en la sien derecha. Su otra mano parece que busca en el interior de la chaqueta, aunque bien podría estar hurgando en su corazón. Esta obra de Huelva es de grandes dimensiones y ha sido el último gran reto de Elías. Decimos que es el último porque ahora se encuentra embarcado en una gran Odisea, ya que tiene entre sus dedos el mayor monumento que a la Virgen del Rocío se ha realizado en todos los tiempos. Elías trabaja en una reproducción a tamaño natural de la Reina de las Marismas en sus andas y a hombros de sesenta almonteños. La reproducción es exacta en todos los detalles, hasta los más mínimos. Ha reproducido las puntadas de los bordados, las joyas, la orfebrería de las andas y los atributos de la Virgen, y sobre todo ha retratado como nadie a la Patrona de Almonte. Elías ha recurrido, como se hacía en pretéritos momentos, en someter al juicio de los que mejor conocen a la Virgen su obra. Antaño eran las amas, criadas o servidoras de reinas o aristócratas, Elías ha traído a las mujeres que sirven como nadie a la Virgen: sus camareras. Ellas tras el análisis más impresionante al que se pueda someter una obra determinaron que sí, que aquella si era la Virgen del Rocío. Pero el reto no quedó ahí. Elías no se limitó a realizar unos personajes sin nombre para llevar las andas de la Virgen, sino que se embarcó en la realización de retratos para cada uno de los portadores, para ello tuvieron que posar para ser reproducidos mas de sesenta personas.

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ángel recogiendo la sangre que cae de la mano derecha de Cristo (1999)

 

Un hito importante en la producción de monumentos para Elías fue la realización de la imagen de la Inmaculada, que remata el monumento dedicado a Ella con motivo de celebrarse el 150º aniversario del Dogma. Fue realizada en piedra artificial y el empleo del claroscuro en el manto que rodea la imagen la dota de un barroquismo que impresiona a quien la contempla. En el ámbito de las esculturas profanas hemos de destacar una serie de bustos. Destacan el que le realizó al músico Primitivo Lázaro y el de Fray Antonio de Olivares, ubicado ante el Convento de San Francisco de Moguer.

Especial significado tiene un delicioso busto que ha realizado de Zenobia Camprubí, pero no en sus años maduros que es lo habitual, sino que la muestra en plena juventud, con una vaporosa camisa con cuellos de encajes que han sido plasmadas en el barro como si de hilos se tratase.

En poco mas de una década Elías Rodríguez Picón ha sabido hacerse acreedor de una gran fama como imaginero y escultor. Buena parte de su obra se mostró en una exposición individual realizada en Huelva, en la Casa Colón, que fue un éxito rotundo de asistencia. Hoy trabaja para buena parte de Andalucía (Granada, Jerez, Guadix, Huelva, Moguer, etc), y también para el resto de la geografía española: Madrid, etc. El buen hacer y la forma en que interpreta sus encargos le han llevado a ser un integrante destacado de la nueva escuela de imaginería de Andalucía.

 

Las imágenes de María Magdalena y San Juan Evangelista, irán en un futuro paso de palio acompañando a María Santísima del Dulce Nombre en su Mayor Aflicción. La imagen del Angelito sale cada Domingo de Ramos junto al Santísimo Cristo de la Redención.

Para conocer mejor la obra de nuestro escultor Elías Rodríguez Picón, visita su página web ( www.eliasrodriguezpicon.com ).

 

Por: Juan Manuel Moreno Orta
Licenciado en Historia.